La felicidad no es la meta, es el camino... Es una frase que toca gran parte de mi ser.
A veces sucede que no tengo presente todo por lo que he pasado y me centro solo en conseguir lo que me propongo. Esto, dirían algunos, es señal de una persona centrada y con visión, pero la verdad es que muchas veces se pierde lo bonito del proceso, el sufrimiento y las alegrías que se obtienen con cada paso que se da.
Creo que estaremos de acuerdo al afirmar que la vida no es más que ponernos metas de cualquier tipo y luchar por conseguirlas. Esto nos mueve, nos impulsa y una vez conseguida una meta se corre a buscar otra. El gran problema es que obviamos lo más bonito, eso tan importante, lo que en realidad deja experiencia, alegrías y tristezas, noches de insomnio, eso que es lo que al final nos llena... el camino.
El camino que recorremos, desde mi punto de vista, es más importante que la propia meta. Si, se que dirán que nos esforzamos en conseguir las cosas, que esa es la razón, pero si lo piensan, realmente por lo que tanto nos esforzamos es para obtener un poco de felicidad que creemos que ese algo o alguien nos dará. Es la realidad.
Estoy consciente que obtener nuestras metas, sean cuales fueren, es muy gratificante, nos llena de optimismo y casi de forma automática nos planteamos un nuevo hito, si obtuve un trabajo ya mismo quiero ascender, si logré comprar un auto ya quiero cambiarlo por uno más nuevo, si al fin consigo adquirir un departamento ya me estoy planificando para tener una casa. Pienso que no está mal que pensemos así, queremos superarnos y es completamente válido hacerlo, yo siempre deseo superarme. Sin embargo noto que pasa el tiempo y lo único que observo son los resultados y voy olvidando el proceso. Esto al final me lleva a creerme una máquina y no un ser con vida, con sangre en las venas que siente y padece.
La realidad es que para mi el proceso es lo que nos enseña y por ende nos da alegría. Somos la suma de todo lo que hemos pasado, cosas buenas y cosas malas, hemos alcanzados metas y lamentablemente perdido algunas batallas, sin embargo el camino es lo más gratificante, sigue siendo lo que día a día vivimos, donde aprendemos, es lo que en realidad buscamos, un trozo de felicidad.
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